Una vez que estas allí, observaras que de cerca pierde el encanto. El agua de tonos esmeralda te hace creer que la playa que vas a tener es de tipo caribeño y no hay nada mas alejado de la realidad. La zona de arena es prácticamente inexistente y en su lugar dispones de varias zonas pedregosas para extender tu toalla. Veras que en la orilla opuesta hay una zona con algo mas de arena, si decides cruzar hasta allí y llevas alguna mochila, te recomiendo que contrates una barca que hace ese recorrido por unos 3 euros. Sino puedes cruzar a nado, no habrá mas de un kilómetro hasta llegar y no mas de dos metros de profundidad.
La mejor parte de este viaje fue sin duda la vuelta en barco a través de las grutas de la isla. Era un barco de unos 10 metros de eslora, propulsado por dos motores fuera borda que otorgaban bastante potencia. Los patrones pusieron la música alta tipo "boat party" y aceleraron hasta que los rociones del mar mojaron a mas de una de las 20 o 30 personas que habría en el barco. Viraban bruscamente y podías meter la mano en el mar disfrutando de la pequeña travesía. Se metían todo lo posible en las cuevas y podías observar desde dentro esas extraordinarias formaciones que parecían exculpidas por el mejor de los artistas.

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